16 junio 2013

Destino enadenado - Capitulo lV

 
 
 
 
 
Destino enadenado




Autor: hanachan
hanachan en: Mundoyaoi Y Amor-yaoi
 
 
 

Capítulo 4:
 
 
Conciencia
****
 
Al despertar, Usami-sensei descubrió la ausencia del pequeño.
Las sábanas estaban frías y el brazo que antes había rodeado su cuerpo caía en el lugar que debería ocupar el cuerpo del chico.
¿Qué sucedería a partir de ese punto? No tenía idea, pero no estaba preparado mentalmente para eso aún. ¿Qué haría Misaki? ¿Qué diría Takahiro? ¿Sería enjuiciado por abuso?
La cabeza le dolía… quería un buen trago.
Habían sido años desde que había dejado de autodestruirse con la bebida por la insistencia de Takahiro más que otra cosa. No había hecho terapia, tampoco había sido un cambio dramático.
Un día solo había despertado con odio a sí mismo por dejarse superar por algo tan burdo como el alcohol, y había comenzado a desahogarse en su literatura como refugio.
La causa de su autodestrucción era precisamente aquél que lo había salvado de ella. Le había jurado no volver a recaer. Se lo juró a sí mismo… y sin embargo las botellas estaban a solo unos cuantos metros.
Las guardaba como un mero recordatorio de que había sido alguien débil e inmaduro.
Aún lo era.
Sus problemas lo superaban una vez más, y la bestia dentro de él, había vuelto a surgir.
Recogió a Susuki, su oso de peluche, del suelo. La alacena estaba tan cerca… no haría falta más que caminar solo un poco y extender el brazo.
Podía olvidar todo, estar tan ebrio que no pudiera levantarse.
Podía dejar atrás esa opresión en el pecho que le causaba el saber que Misaki lo odiaba lo suficiente como para destruirlo. Es más, le sorprendía que no hubiera tomado un cuchillo y lo hubiera matado esa misma noche… él lo habría hecho.
“¡Tsk! ¡Ya es suficiente!”, se enojó consigo mismo. “Sea una o la otra… lo que suceda…”, Akihiko
Se lamentó, manteniendo aquel voto de sobriedad, levantándose para buscar comida.
Su mente revolvió entre las imágenes de la noche anterior y como había brutalizado y sodomizado al hermano menor de su amor unilateral e imposible.
Era ridículo.
¿Qué diablos había hecho?
“No era necesario que me recordara que Takahiro nunca sería mío, eso es noticia vieja. Tampoco que tiene novia… ni que soy un maldito monstruo… Diablos… Las excusas no son suficientes… Mierda”
Suspiró audiblemente, caminando hacia la cocina. Era hora del almuerzo, se había quedado dormido y probablemente Aikawa, su editora, llegaría pronto a criticarlo por sus retrasos constantes…
Aún llevaba la ropa interior, no tenía ganas ni de cambiarse. Con todo el remordimiento pesándole en la conciencia, calentó la sopa de miso que Takahiro le había enviado.
Era deliciosa.
No podía hacer nada ante aquella sensación de haber hecho algo erróneo.
Mierda.
Sabía que Takahiro no cocinaba; que lo más seguro es que Misaki la hubiera hecho. Que el chico al que le había arrancado a virginidad en un arranque de ira había hecho con todo el amor del mundo esa jodida sopa de miso…
Tiró el plato al diablo de un solo manotazo.
Era de su persona especial, pero… no merecía tomarla. No después de lo que había hecho.
Encendió un cigarrillo con desesperación. Lo que había hecho estaba mal. Su cuerpo se sentía pesado. Su alma, su conciencia y el corazón concordaban con la idea de que no era más que una bestia. No había como refutarlo.
Se sentía como un monstruo que no merecía nada, ni si quiera el derecho de admitir querer a Takahiro.
El cigarrillo se acabó pronto. Y buscó otro que llevar a su boca, reemplazando el alcohol que no debía beber.
Su departamento/casa/mansión/penthouse, era monumental. Enorme, bien adornado, lo amaba tanto como a su deportivo rojo; pero sentado, solo, con nada más que el tabaco llenando sus pulmones, no podía sentirse ni dichoso, ni feliz. Solo pensaba en los gritos y las lágrimas, en las veces que Misaki le había pedido que lo dejara.
Era el hermano de Takahiro, por dios santo, por buda, por Alá… Carajo…. No podía ser solo indiferente.
Agarró la computadora. Volcarse al trabajo para no pensar era lo único que evitaba volcarse al alcohol y deshacerse en la culpa… pensar en Takahiro… pensar en su hermano, Misaki….
—Soy un maldito bastardo...—ahogó el gemido de agonía ante el solo pensarlo— Soy un idiota. ¿Por qué no me detuve? ¿Qué mierda le hice?
Agarró sus cabellos y tiró de ellos hasta que el dolor fue insoportable. “Un puto monstruo…”.
Miró al costado, hacia la ventana, unas pequeñas gotas comenzaban a caer. Una leve llovizna, inofensiva. “Fui precipitado. Era la primera vez del mocoso… el maldito me enojó, claro, pero no tendría que…”. Comenzó a amargarse, a recordar… se había sentido tan bien usando su culo, dominándolo y forzándolo, que no había reparado en el daño que le hacía. No se había detenido a pensarlo, y ahora sentía tanta culpa…
Se había sentido como un dios por unos instantes, en el que solo él tenía el control. Y, ya lo había aceptado, el cuerpo de Misaki lo excitaba. Era un fuerte agente erógeno. Atrayente. Era…. Había sido como un juguete del que disponer.
“Pero Misaki no es ningún juguete… es una persona. Es el hermano de Takahiro, maldita sea”
El timbre del celular irrumpió sus pensamientos, y por primera vez agradeció que lo hiciera para salvarlo de la culpa. No era nada más y nada menos que Aikawa… no necesitaba ni mirar la pantalla para saberlo, ni aún menos para saber que estaba a poco tiempo de llegar.
¿Moshi moshi? (Sí, ¿Hola?).
Sensei ¿Está trabajando? ¿Terminó el capítulo de la novela BL? (boys love, novela homo erótica) — pregunto con su voz chillona, alegre y exigente
—Claro, claro. No te preocupes tanto— su voz era más grave de lo normal, rasposa. Lo notó al pronunciar más de dos palabras.
¿Sensei? ¿Se encuentra bien? Suena raro… De todos modos, no me mienta, sensei. ¡Necesito eso para mañana y más vale que lo tenga listo par entonces, o sino…!
— ¿Terminaste? Pide un día más en la editorial— el corazón de Aikawa se hundió en ese preciso instante. ¿Cómo lograba ese hombre ponerle los nervios de punta con tanta facilidad?
¡Sens…!- No terminó de pronunciar palabra y Akihiko ya había cortado la llamada. Sin terminar de pronunciar <<Mierda, Usami-sensei>> antes de la llamada finalizara.
A Usagi-san le gustaba darle un mal trago a su editora, lo disfrutaba; le daba mucha gracia cuando lo hacía, y el modo en que se enojaba era terrorífico, como de película de miedo.
Pero hoy no estaba de humor ni para eso.
No había tenido intenciones de enfadarla ni nada, solo de distraerse un poco… pero luego se había vuelto molesto. Oír su voz chillona… no. No era a ella a quien quería oír.
Tenía el capítulo terminado desde el día anterior, gracias al cielo ya que el final no se vería influenciado por ese bloqueo temporal.
Casi podía oírla gritar.
Oh, mierda, no era un casi. La oía gritar. Al parecer lo había llamado desde cerca del edificio.
Aikawa tenía su llave para evitar una masacre, pero en ese momento supo que no tendría tiempo de explicar nada antes de que hubiera al menos un atentado en contra de su vida.
*
¡Sensei! vociferó, dando un portazo. La cocina era un desastre con el plato de sopa de miso derramada y los vidrios rotos — ¿Sensei? ¡¿Sensei?! ¡¿Se encuentra bien?! ¡Mierda, los manuscritos! ¡Más vale que esté bien! ¡No puede morirse antes de entregarme el trabajo, Sensei! &##”%!!
Estaba acostumbrada a ver los desastres de ese hombre, pero sinceramente, era la primera vez que encontraba cosas rotas.
Akihiko no cocinaba, así que era comida que Takahiro había mandado, lo supuso, por lo que era extraño que estuviera en el piso.
“¿Y si alguien había robado? ¿Y si alguien lo había matado?”
Preocupada, se apresuró a entrar en su cuarto. Al abrir la puerta, alguien apareció desde su espalda, cerrando la puerta con fuerza.
Su corazón saltó. La adrenalina comenzó a correr por sus venas. “¿Y si…?”
— ¿Qué haces allí? Estaba en el estudio — Aquella voz era inconfundible.
— ¡Estúpido! ¡Casi me matas del susto! — Se giró y comenzó a golear su pecho
— Ya, ya. No te ha sucedido nada, ¿o sí?
— ¡Qué cruel eres, Sensei!
— ¿Quieres el manuscrito o no? — se impacientó. Prefería entregarlo pronto y volver a hundirse en la miseria un poco más.
Al entrar en el estudio de Akihiko, Aikawa se dirigió al portátil. Antes de pasar los datos comenzó a leer rápidamente, comprobando que efectivamente hubiera llegado hasta el capítulo que necesitaba.
Leyendo, notó que luego de acabar lo prometido, había un indicio del nuevo capítulo. El comienzo de éste mantenía el estilo y el ritmo armonioso que Usami-sensei le daba a sus escritos. Eran una marca de agua que no era fácil de imitar, su sello personal.
Pero a partir de un punto, el estilo se perdía, se fundía con un nuevo estilo, distinto, interesante, pero que era basura en comparación a su ritmo usual. No había nada que mereciera la pena. Eran palabras vacías.
Las ideas eran insulsas e inútiles. No podía arruinar sus historias con cosas tan patéticas como aquellas, era un crimen.
¿Qué diablos había sucedido para que la calma de Usami-sensei se perdiera? Aún más importante, ¿…para que afectara su trabajo?
La sospecha la invadió, y volvió su mirada a Akihiko, inspeccionándolo mejor, tanto a él como al cuarto en sí.
Aikawa estaba acostumbrada al prominente aroma a tabaco, pero se sorprendió de encontrar que el cenicero que había vaciado ayer apenas estaba con por los menos veinte cigarrillos más.
—Vaya boca de camionero— susurró sensei antes de encender un nuevo cigarrillo.
— ¡Sensei, se ve horrible! Hoy tenemos una entrevista a una revista literaria, por favor, ¡Arréglese! ¡Ahora! No podemos retrasarnos. Leeré sus avances en la novela BL entre tanto. ¿La imprimió o aún no? — Aikawa se mordió los labios. Allí había algo raro, su intuición femenina se lo decía, aunque sensei actuara tan normal como siempre.
— Ya, ya… Está sobre el sofá. Me voy a bañar, o algo— Revolvió su cabello. “Mejor ese lugar que estar aquí”, pensó Akihiko. Así dejaría de pensar en el alcohol, en Misaki o Takahiro. No tendría el tiempo para hacerlo.
— ¡Vamos, mueva los pies! — Aikawa lo apresuró, corriéndolo del lugar.
“No quería que entre a su habitación… eso es extraño”, Aikawa seguía dándole vueltas al asunto, pero tan pronto sensei se fue, se sentó a leer el trabajo en completo. Prefería ir aprovechando el tiempo que andar jugando a los detectives, estaba grandecita para eso.
****
—Entonces… ¿Cuántos años tienes? —preguntó con curiosidad Keiichi, sorprendido incluso de no haberlo dicho antes.
Ya había pedido un segundo postre para Misaki, quien, cuando las nauseas lo abandonaron, había descubierto que tenía aún más hambre.
— Diecinueve — susurró, llevándose un bocado de lemon pie a la boca. El sabor agridulce le encantaba. Los postres, de por sí le encantaban.
— ¡Oh, juraría que tenías dieciséis! Aún así, parece que tendré que esperar para invitarte a salir. Pero por ti no me importaría, ¿sabes?— Sonrió. Trataba de hablar aunque sea con una pizca de humor, tratando de sacar al menos una pequeña sonrisa.
Misaki se atragantó y disimuló un poco ignorando el último comentario. Inevitablemente sus mejillas se tiñeron de rojo.
— ¿Y usted, Sumi-san? — trató de aparentar indiferencia a aquel comentario, inútilmente.
— Veintiuno. ¿Y…piensas estudiar en alguna universidad? ¿O entrarás al mercado del trabajo? — comenzó a indagar. Distraerlo con cosas simples, recordarle que el mundo real seguía allí, ese se había convertido en su propósito.
Ehm, sí. Aunque no estoy muy seguro de poder lograrlo me gustaría entrar a la universidad M (Mitsuhashi, famosa universidad de Tokio) — La convicción en su voz respecto a su elección era notable, y Keiichi se sorprendió, aunque no precisamente por ella.
Misaki, por mucho que deseaba, sentía que su sueño era muy lejano. Francamente hablando, no era precisamente uno de los mejores alumnos. Ni de los promedio. Oh, mierda. Mientras más lo pensaba, más lejano le parecía.
Pensar nuevamente en la escuela hizo el gusto del lemon pie aún más amargo. Se podía aferrar a esos problemas simples, problemas cotidianos y volver al mundo, pero todo se sentía apartado a su perspectiva.
Su deseo de entrar seguía allí, pero estaba apagado como nunca antes.
— ¡Wow! Vaya cosas de la vida. Así que a partir de ahora puedes decirme sempai (superior) — Su alegría era notoria y sincera. No era algo que se esperaba. — Quien diría que tendría a un kohai * tan adorable como Takahshi-kun.
—Aun no he hecho la admisión, así que no es seguro…— Ignoró el cumplido, mirando al costado. No quería mostrar que esas palabras le afectaban, aunque no podía mentir; en el fondo se sentía alagado.
No podía negar que le gustaba sentir que a alguien le importaba, que, aunque fuera una mera broma, alguien tenía interés en él.
“¿Está bien hacer como si nada ha pasado? ¿…Actuar tan naturalmente con un extraño solo para no regresar a casa? No se… aún puedo sentir el dolor en el culo al estar sentado y el sudor seco sobre mi piel; entonces, ¿solo seguir con mi vida es lo correcto?”, Misaki se sentía confundido por la rapidez con la que su mente podía esparcirse y olvidar- aunque sería más correcto decir ‘dejar de lado’-, pero que su cuerpo y la evidencia sobre el mismo no le permitía hacerlo.
Miró por la ventana, las gotas que antes caían especiadas y pequeñas, cada vez aumentaban su tamaño y potencia. El pavimento comenzaba a mojarse, pero el sol seguía en lo alto del cielo. Llovía. Cada instante más fuerte, azotando el suelo. Pero la luz de ese día era tan brillante que cegaba.
En el fondo, el reflejo de la luz y el agua creo un bello espejismo… un arco iris que surcaba el cielo y se apreciaba perfectamente desde la ventana en que estaban ambos sentados
—Entonces, Takahashi-kun, ¿Qué carrera estudiarás? —El submarino se le había acabado, aunque aún tenía medio croissant. Se lo llevó a la boca mientras esperaba su respuesta y mirando atentamente el arco iris que Misaki contemplaba embobado— ¿Takahashi-kun? ¿Sigues ahí?
— ¿Eh? Oh, sí, perdón. No estoy precisamente en mi mejor momento… Sumi… ¿sempai?
— Vamos, sin miedo. Dilo, ‘Sumi-sempai’, no es muy difícil— lo animó. “Claro que no es tu mejor momento. Sería un idiota si no lo viera.”, Keiichi tenía claro que lo mejor era alejarlo del mundo de problemas que habitaba en su cabeza— Pregunté qué carrera estudiarías.
— Ciencias económicas. ¿Y usted, Sumi-sempai, qué estudia? — decidió que cambiar el foco de conversación a Keiichi.
—Jajaja— rió, sorprendiendo un poco a Misaki, quien volvió la cabeza a Keiichi por un instante, hasta que éste le indicó con la mano que no era nada. Su atención volvió a la ventana y al mundo más allá de ésta— ¡Y las coincidencias siguen! Como dije, paso a tercero de ciencias económicas. ¡Perfecto! Eso significa que te veré en el campus más seguido de lo que pensaba.
— Sí, bueno, si entro, al menos conoceré a alguien— Misaki mantenía sus muñecas bajo la mesa tanto como podía, pero se había dado cuenta que Keiichi las miraba cada tanto. “Mierda, no quiero… no quiero que nadie sepa. Maldito, ¿por qué tenía que dejarme tantas marcas? Mierda. Mierda. Mierda. Tengo que cambiar el tema así deja de mirarlas. Nadie debe ver…” — El cielo es muy bonito. Me gustan los arco iris — Sonrió Misaki aunque una punzada de dolor le hizo cambiar la expresión por un segundo. Keiichi no lo notó, pero Misaki había comenzado a marearse. El dolor era leve e ignorable, incluso parecía un descanso agradable — ¿No te parece, Sumi-sempai?
—Claro, lo es. ¿Misaki, no quieres ir a casa…? — Keiichi se alarmó cuando repentinamente el color de sus mejillas, sonrosadas luego de una comida llena de calorías, volvía al pálido amarillento de cuando lo había encontrado.
Tras unos segundos el color crema volvió a su piel, pero, aunque más calmado, no pudo evitar estar preocupado. ¿Qué diablos había sucedido?
— ¿A casa? — Misaki se alarmó. ¡No! ¿Cómo? ¿Cómo podía ir y enfrentar a su hermano? No se sentía listo mentalmente para eso— No, está bien, estoy perfecto. No es necesario causarle más inconvenientes a sempai murmuro con una sonrisa, aunque comenzaba a sudar frío. Su cuerpo se sentía raro y pesado. El dolor persistía, pero el mareo se había ido. Ya no era un descanso. Ahora no solo lo alejaba de la realidad, sino que de un modo nada oportuno — Además, sería un desperdicio dejar el lemon pie a medias, ¡Esta buenísimo!
Misaki comenzó a poner más entusiasmo a su merienda.
Pensar en volver a casa, donde Takahiro lo esperaba, lejos de ser un consuelo lo asustaba. ¿Por qué? ¿Por qué le asustaba si tendría los cálidos y confortables brazos de su hermano para protegerlo? ¿A qué temía? ¿A Akihiko?
En parte temía que por mucho que lo dijera, las cosas no funcionaran. Temía que su hermano se deprimiera por lo que a él le había sucedido y más que nada que la desilusión de que su amigo hubiera sido el culpable lo carcomiera.
Tenía miedo de no lograr retener el llanto y lanzarse como un perro abandonado a regodearse en el cariño de Takahiro.
No quería involucrar a nadie en su sufrimiento… Él… Él podía.
—Como digas. Además tienes un poco de razón, llueve a cántaros. No podría permitir que te mojaras completamente— Keiichi cruzó las manos sobre la mesa, observándolo. “Tiene toda la pinta de que en un momento a otro se romperá en pedazos. Si tengo razón, lo más probable es que colapse… Si está solo sería peligroso. Diablos, ¿en qué momento comencé a preocuparme tanto por él?”, Keiichi notó que sus atenciones habían excedido lo que la cortesía y el cortejo consideraban correctos. Misaki lo había hecho llegar varios pasos más lejos — ¿Quieres un café o algo más? El té no debe ser suficiente, ¿o sí?
—Muchas gracias, Sumi-sempai… es muy raro que un desconocido me haya invitado a comer, pero no me arrepiento de aceptar. Creo que me alegró un poco el día, le debo eso— Fue sincero. Su sonrisa era auténtica y triste. Misaki sentía vergüenza de haberlo encontrado en un estado tan penoso, pero sabía que Keiichi era una buena persona. — Aunque creo que ya es suficiente de sus atenciones. No quiero ser una carga — esto último fue un suave murmuro.
— ¡Fiuf! — Dio un teatral suspiro de alivio— ¡Que suerte! No sabía que pensabas de mi, pero afortunadamente no te causé tan mala impresión
Keiichi quitó sus gafas para limpiarlas, y Misaki recordó el rostro de Akihiko a través de sus facciones. Su nariz, su mandíbula, las líneas encajaban bastante. En esa imagen borrosa notó que sus cabellos y ojos diferían, pero, ¡diablos, se parecían mucho!
El dolor en la cabeza aumentó y la mente se le nubló.
>> ¿Takahashi-kun? ¡Takahashi-kun! — Keiichi se asustó. Misaki no se veía bien. Nada bien.
— ¿Hmm? — el mareo se iba nuevamente.
Estaba mal. Sentía que se caería en cualquier instante al suelo y no podría levantarse
>> C-creo que mejor y vuelvo a casa… Mi hermano debe estar preocupado porque no regreso.
No tenía opción. Debía volver a casa, a la seguridad de su hogar. Eso o un hospital… en el cual preguntarían por sus golpes, moretones y heridas. ¡Diablos, no!
—Sí. Es lo mejor, no te ves nada bien— “Mierda, me gustaría estar un poco más con él”, Keiichi iba a tomar la iniciativa una vez más— Aunque creo que deberías ir a un hospital. Pago la cuenta y te acompaño, ¿de acuerdo? — Sin darse cuenta se ligaba más y más a ese chico.
Misaki buscó a tientas su billetera. Su mente seguía pensando en Akihiko… ¿se parecían realmente o el estaba lo suficientemente obsesionado con él que lo veía en todos lados?
No encontraba la billetera, dando lugar a la desesperación. Misaki tenía cierta reticencia a dejar que alguien pagara por él. No le gustaba deberle a alguien ni que alguien tuviera que cargar con cuentas por su culpa.
De no ser por la palidez de su rostro, probablemente se encontraría rojo tomate; ¡Estaba tan avergonzado! Sus ojos se abrieron. ¿Dónde estaban? “¡Carajo, no! ¡Se cayó en casa de ese pervertido! Qué vergüenza”.
— Jajaja no te preocupes, no pasa nada. Yo te invité, yo cubro los gastos, ¿sí? — Keiichi dejó un par de billetes y se levantó. Misaki lo imitó, dejando menos de a mitad de su postre en el plato.
Tenía nauseas…
—Gracias— Quería apurarse para no vomitar allí, y al mismo tiempo si lo hacía, tal vez vomitara antes.
Notó que, la única razón por la que no había vomitado en casa de Akihiko o en su camino al parque era porque su estómago no tenía qué devolver.
Pero tan pronto algo tocó su estómago éste lo rechazó.
Ni bien dieron dos pasos fuera del local, se empaparon de pies a cabeza. La lluvia era intensa, al igual que el calor, el viento helaba y el sol los calentaba.
“Si, se parecen en algo, pero no son iguales… Me tratan tan diferente… sería imposible. ¡Ah, mi cabeza, joder!”, Misaki no logró evitar evocar junto con la imagen de Akihiko los recuerdos. Esos malditos roces… ¿Y si esa persona tenía malas intenciones? No lo conocía lo suficiente como para decir que no. Era un estúpido, lo aceptaba. Lo era.
“Se parecen, pero él no es Usami, no debo juzgarlo”, lo decía, pero temblaba. ¿Y si cabía la posibilidad de que, al igual que sus imágenes coincidían, él no tenía buenas intenciones.
La paranoia volvió, aún a pesar de que Keiichi había evitado el contacto físico hasta lo imposible.
Pero ya no era su cuerpo el que le hacía una mala jugada. Ahora su mente se empeñaba en hundirlo en el terror.
“Desde un principio me ha dejado claro que le atraigo. Como broma o no”, y junto con la paranoia, el temblor del cuerpo incrementó. Su mundo se movió por completo. Todo giraba y él se desvanecía. Un borrón irreconocible.
Sintió sus piernas vencerse por el peso muerto de su cuerpo, al no tener el apoyo de la silla. Su rostro perdió el color pero ésta vez no lo recuperó tan rápidamente como antes. El borroso fondo se tiñó de negro, y el abismo de la oscuridad lo sumió en la inconsciencia.
Su cuerpo se desplomó de un modo surrealista. Sus ojos estaban perdidos y abiertos antes de caer.
Su piel estaba crispada y, sus vellos de punta. El miedo, uno extraño, desconocido, era palpable.
Keiichi logró atajarlo antes de que se diera de bruces contra el piso.
Sabía que eventualmente lo haría, pero no esperaba que no llegarían ni a conseguir un taxi antes de que se desmayara.
¿Qué debía hacer? ¿Llevarlo al hospital? ¿A su casa? ¿Qué?
Keiichi no sabía cómo reaccionar, pero no podía abandonarlo.
La lluvia los mojaba. Él cargaba el peso muerto del chico. No tenía auto.
¿Ahora qué?
 
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