19 abril 2013

Destino enadenado - Capitulo l


 
Destino enadenado
Autor: hanachan
Personajes:Akihiko x Misaki
hanachan en: Mundoyaoi Y  Amor-yaoi
 
 
Capítulo 1:

El comienzo de la tragedia

El sol brillaba esplendorosamente en el cielo despejado, anunciando el comienzo de un nuevo día. La mañana era fresca, y el sonido de los pájaros cantando, resonaban en un compás suave. Sin duda, para la mayoría a de los ciudadanos de la poblada Tokio, aquel sería un día hermoso. Tal vez para muchos lo fuera, pero Misaki Takahashi, probablemente aquel día tan brillante se convertiría en uno de los más oscuros de su vida…
Misaki era un chico ordinario, simple, un adolescente de dieciocho primaveras que estaba terminando sus estudios en la preparatoria y tenía planeado estudiar en la universidad. Cabello de un castaño chocolatoso coronaba su cabeza, la piel era de un color crema, y la complexión, al igual que la mayoría de los japoneses, era pequeña y delgada. Sus ojos verdosos, extraños para su entorno, miraban al próspero futuro que le esperaba con ansias, y hasta entonces no había conocido barrera que lo detuviera.
Había sufrido, sí, su niñez quizás no fuera perfecta, pero había sobrevivido, y con eso le bastaba. Siempre y cuando no recordara, todo estaría bien. No había razón para hacerlo… Hasta entonces no había tenido que hacerlo… Había hecho todo tan bien hasta entonces, pero ¿Por qué? La vida parecía querer solo ponerle más y más obstáculos que sortear, obligándolo a volver a aquellos viejos tiempos que lo habían marcado para siempre.
Abrió los ojos, y la iluminación de la amplia habitación le era casi cegadora; tardó varios minutos en acostumbrarse. Su cuerpo se sentía horrible, asqueroso, repugnante. Los músculos estaban agarrotados y su cuerpo cansado… su mente rogaba por un descanso, pero no podía permitírselo en ese momento; no con el cuerpo desnudo de un criminal a su lado.
Aún estaba confundido y no lograba razonar correctamente, pero su cuerpo instintivamente planeaba huir de aquella prisión lujosa y sin barrotes.
Sintió la mano de Akihiko Usami -un figura pública renombrada, un escritor premiado y, ahora, su afamado torturador- presionarse sobre su cintura. El terror lo envolvió. “¿Me habré movido demasiado? Mierda. No… si… si lo despierto…” Sus labios comenzaron a temblar ante la sola perspectiva.
Su cabeza le dolía, las imágenes fluían por su cerebro; cada recuerdo lo hería aún más, acribillando sus pensamientos.
Quería llorar. Estaba a punto de hacerlo. Sentía las lagrimas acumularse en sus ojos. Recordaba todo. Cada maldito detalle lo perforaba. Cada caricia. Cada palabra. Cada suspiro. Todo.
Veía borroso, aunque no le era claro si por las nauseas o por el llanto.
Ese bastardo que estaba allí a su lado, lo había poseído, humillado y rebajado a una puta cualquiera; había luchado hasta el cansancio, había llorado y dejado su orgullo a un lado para suplicarle misericordia, y aún así su cuerpo había sido profanado. La vida era tan injusta.
Esa noche no tendría que haber ido, no tendría que haber hablado con él, no tendría que si quiera haber averiguado que el mejor amigo de su hermano estaba enamorado de éste, y que el mismo no se daba cuenta. No tendría que haber interferido… no tendría que… haber sido tan débil.




****
— Usted… usted está ¿enamorado de mi hermano?- Misaki acababa de llegar a la residencia Usami, acusando a Akihiko, un alto y apuesto hombre en sus veintiocho años, de cabello de color plata, de tener sentimientos por su preciado hermano mayor. Su mirada era desafiante a pesar de que su figura no llegaba ni a compararse con la de Akihiko, como la de un gatito que se cree tigre.
—Sí— cogió un cigarrillo y lo encendió, exhalando el humo en el rostro del no tan pequeño Misaki, quien no sabía si estaba más descolocado por su respuesta o por su crudeza— ¿Tienes algún problema con eso, PEQUEÑO? — Remarcó— De todos modos, esto no tiene nada que ver contigo, ¿o me equivoco?
—Aléjese de él. Maldita sea, ¡Usted es un hombre! ¡UN HOMBRE! ¿Cómo puede traicionar la confianza de mi hermano de éste modo tan repugnante? — se exaltó, sin perder coraje al responder —Sus sentimientos no serán correspondidos nunca, así que ni si quiera vale la pena seguir con un amor unilateral e imposible. ¡Búsquese a alguien más si lo que quiere es alguien con quien acostarse!
Ese valor para vociferar ante aquel desconocido nacía meramente de su aprecio hacia Takahiro, su hermano. Sabía qué tan problemático sería para su hermano que éste hombre interfiriera, y prefería ayudarlo… a su ingenua e impropia manera, al menos.
—Tú, maleducado, no eres absolutamente nadie para meterte en mi vida, ¿y aun así tienes el coraje de pedirme que olvide a la única persona que me importa en este puto mundo de mierda? —la sangre le hervía, y aquel escupitajo verbal lo había sacado de sus casillas. Bueno, no es como si precisamente el fuera catalogado como alguien paciente, ni nada— ¿Crees que algo así es tan simple como solo decirlo? No sabes nada. Aun eres un niño.
—Puede que aún lo sea, pero mi hermano tiene novia. Es feliz así. Solo aléjese — “No lo dañe. No intente nada con él”—. Cualquier hombre ha de ser suficiente. Solo deje a mi hermano… el no es como usted.
— ¡Ja! Que chiste— sus ojos estaban clavados en aquel idiota de metro sesenta y tantos — ¿Cualquiera? ¿Acaso te ofreces como su sustituto? — Examinó con detalle su cuerpo, y sin duda, era lindo… — Tsk, es una decepción que no te parezcas en nada a tu hermano; no eres ni la mitad de bueno que él, pero no hay remedio.
Misaki sintió miedo de esos ojos lilas tan extraños, tan perturbadoramente duros y fríos. Tragó en seco.
— ¿Qu…?- no podía pronunciar palabra alguna.
—Eres tu quien me trata como basura, y sin embargo tu eres quien tiene una personalidad asquerosa— Sonrió amargamente, con crueldad— eres un intolerante… ¿Te desagrada…? ¿El saber que lo hago con hombres…? — sonrió ampliamente.
— ¿Qué? No es eso. No sea estúpido… Usted no merece la pena, me interesa entre poco y nada lo que haga de su vida siempre que no involucre a nii-chan en esto. …— la mano de Akihiko se cerró sobre la suya con fuerza, presionando la carne de sus brazos, aplastando e hiriéndolo. En algún momento de la discusión, intimidado por la presencia de Akihiko, Misaki había retrocedido hasta dar con la pared. Akihiko estampó un golpe a la misma, justo al lado de su rostro, haciéndolo sobresaltarse. — Hnn, creo que hay cosas inevitables Las personas que nacen idiotas ya no tienen remedio— completó, aún a pesar de que llevaba las de perder. Su afilada lengua le superaba algunas veces.
-Ah, con que ahora soy un idiota. En serio, ¿crees que por ser su hermano saldrás impune? — El miedo fue superado por la adrenalina, y la distancia se redujo a nada. Cerró los ojos y apretó los dientes, esperando que el siguiente golpe fuera a su rostro, pero éste no llegó.
Misaki abrió lentamente los ojos, quería seguir contestándole, replicando, pero sus labios fueron furtivamente ocupados por los de Akihiko, con tanta violencia que sintió el sabor de su propia sangre. “¡Maldito hijo de puta, su…suélteme!” No entendía… estaban discutiendo, sí, pero ¿Cómo diablos había cambiado tan drásticamente a eso? Sus neuronas no hacían una.
Se removía contra él, luchando. Agarró sus hombros e intentó empujarle, pero eso no hacía más que incrementar la presión del agarre de Akihiko. Eso no era un beso; no era dulce ni tierno, y ni hablar de agradable, no… deseaba que lo soltara.
Luchaba. Luchaba y no era suficiente. ¡Diablos, ese beso era una maldita tortura!
Misaki lo mordió tan fuerte como pudo, y Akihiko lo soltó, empujándolo tan fuerte que Misaki se golpeó la cabeza contra la pared.
— ¡Bastardo! ¡Hijo de perra! ¡¿Qué carajo crees que haces?! ¡Vete a la mierda! ¡A la mierda! — Misaki se fregó la boca con la manga de su remera.
—Que sucia boca. Para ser un niño, tienes el lenguaje de un camionero— se limpió la sangre cayendo del labio con el dedo, sintiendo su lengua arder por la mordida. Tenía ganas de golpearlo. De dominarlo. Doblegarlo, y hacerlo llorar… maldito idiota… no tenía derecho a despreciarlo.
Takahiro, aquel hombre que tanto amaba, lo odiaría… no quería lastimarlo… pero, mierda, aquello lo sacaba de sus casillas ¡Tenía tantas ganas de romperle el cuello a ese niñato en ese instante!
— ¡Me importa una mierda lo que usted crea! ¡Me voy! Olvide a mi hermano, que tan pronto sepa esto dudo que si quiera intente contactarlo otra vez. Cualquier hombre le bastará con lo pervertido que es. ¡No entiendo como mi hermano habla con alguien así!
Misaki se giró sobre sus talones, reparando por lo que él creería sería la última vez en toda la extraña colección de juguetes y libros que adornaban la mansión instalada en el último piso de uno de los más costosos departamentos de Tokio.
Nunca volvería… eso planeaba…
Su salida era por demás dramática, pero para nada intimidante. Akihiko le había robado aquel coraje con el que se había revestido al llegar. No le quedaba nada, y huía.
Akihiko formó una sonrisa en su rostro, pero se sintió inconforme con solo eso. Le molestaría, lo haría llorar y lo dejaría irse. No planeaba hacerle daño, aunque las cosas terminaron de un modo distinto al que había planeado.
Cuando Misaki estaba por girar el picaporte y abandonar teatralmente el lugar, el brazo de Akihiko cerró la puerta y presionó su cuerpo contra la espalda de Misaki, quien encerrado entre la puerta y Akihiko, se veía pequeño, como un frágil muñeco. La sorpresa le hizo abrir los ojos, y el temor regresó.
—Déjeme salir— intentó mantener la compostura, pero el silencio permanecía, sin que ninguno se moviera— ¡Déjeme salir, maldita sea! — vociferó nervioso, golpeando la puerta con el puño, sintiendo pánico. Su cuerpo estaba tan endemoniadamente cerca que podía sentir el calor emanando de su piel y su respiración chocando contra su cabeza.
—No— cerró los ojos, aspirando el suave y gentil perfume que sus cabellos desprendían— no puedo dejar que solo te vayas. ¿Cómo es eso de que no veré más a Takahiro? ¿Crees que te creerá? Para él yo soy un amigo de la infancia, nuestra amistad es fuerte— susurró, apoyando la mano sobre la de Misaki, la cual presionaba el picaporte al punto de dejarle los nudillos blancos; dejando reposar su cabeza sobre la del pequeño muñeco de cabellos castaños.
—Soy su hermano, ¡por supuesto que me creerá! — Misaki trató de golpearlo con el codo, pero sus movimientos rebotaban con suavidad, ya que la distancia era ínfima.
Akihiko dudaba… Sentía asco de ese hermoso muñeco, pero aún así quería romperlo. Era tan frágil…
No permitiría que aquel muñeco le separara de su preciada persona, eso jamás.
— ¡¿Qué me hará?! Déjeme… Suélteme. No me toque— gritaba, pateando la puerta, con lágrimas comenzando a acumularse en sus ojos. Un escalofrío recorrió su espalda junto con un pensamiento, “¿Y si realmente lo hace?” ¿P…por qué?- su voz comenzaba a temblar, conforme los labios de Akihiko comenzaban a humedecer su cuello, y una de sus manos a trazar caminos por su torso, introduciéndose bajo su remera— Es repulsivo. No. ¡No quiero!
—Deja de lloriquear— susurraba, pacíficamente, como si no sintiera los codazos a su estómago, presionándose con más fuerza sobre su cuerpo, previniendo cualquier patada a la ingle, y sintiendo el roce de su hombría contra su pequeño cuerpo.
Se sonrió a si mismo. Era un adolescente… uno muy atractivo, aunque no era su tipo.
Misaki dejó la lucha sin sentido, conforme su dignidad se desvanecía. Sentir sus dedos recorriéndolo, su lengua apropiándose de sus labios era tortura pura y dura.
Pero no podía dejárselo tan fácil, no. Nunca. Podía ser pequeño, podía ser un inútil en muchas cosas, pero no… el había soportado golpes antes, y la humillación… el recuerdo lo quemaba, pero su orgullo le impedía bajar los brazos. Ya no. No. No más. No más golpes… no más heridas…
Tan pronto Akihiko se alejó, como para poder arrastrarlo a la habitación, Misaki giró, tomando el impulso para golpearlo, pero no logró nada. El golpe contra su rostro resonó, pero no había logrado moverlo ni meda pulgada de su posición. Su atacante era más alto que el, le superaba en edad, fuerza y tamaño… ¿por qué? Mierda…
Tal como había predicho, fue llevado a una hermosa cama King size con cobertores en negro y blanco, moderno, e iluminado con dicroicas en tono ligero. La habitación era digna de una estrella, de un famoso. El decorado era simple y sobrio, encajaba con los gustos de Akihiko respecto a la arquitectura del lugar; pero los peluches y animales de felpa rebosando por todo el lugar y la poca iluminación a la que estaba regulada, tornaban el ambiente en un sombrío lugar lleno de ojos que le observaban.
Aún no. Aún tenía fuerzas. Podía luchar…
Akihiko estaba sobre él, quitándose la camisa, con facilidad, práctica y maestría. Cuando estaba a punto de soltarlo y dejarlo en paz, Misaki había logrado enfadarlo a nueva cuenta, golpeándole el rostro. Algo se había encendido, y viéndolo una vez más, tan frágil… le gustó.
Si bien no era su tipo, si bien lo odiaba, Misaki lo excitaba. No era el amor platónico que sentía por Takahiro, tampoco ni la pasión consumada de amantes desconocidos; era una experiencia distinta y ardiente.
Es deseo lo llevó a desear más. Se volvió codicioso. Ya lo tenía en la cama, ¿por qué no….? Esa peligrosa idea le hizo olvidar completamente el rechazo del chico por él.
Akihiko intentó atarle las manos con la corbata a la cama, tras inmovilizarlo, pero ni aún atado lograba mantenerlo quieto.
“¿Qué puedo hacer? Carajo, debo hacer algo. No puedo quedarme quieto mientras él me viola. No logro mover la pierna… quiero pegarle una patada en los huevos que nunca olvide” Misaki, removiéndose, poco podía hacer. Se sentía derrotado, y gruñidos ahogados por el esfuerzo salían de su garganta.
Akihiko quitó el pantalón del pequeño con brusquedad, dejando a la vista su boxer y sus pálidas piernas. Bajó el mismo hasta las pantorrillas, y comenzó a recorrer sus muslos con sus dedos.
El pantalón restringía sus patadas, pero, con una de ellas logró darle a los testículos tras muchos intentos.
— ¡Hijo de tu puta madre, me rompiste los…! — su voz sonó estrangulada. Sus manos presionaban y trataban de detener el dolor. Sus ojos solo mostraban ira.
La batalla era feroz, y eso había sido un grito de guerra.
— Maldito niño, quédate quieto de una vez. Créeme que ésta me la pagarás— le dio un puñetazo al estómago, casi logrando que vomitara, y sonrió de placer al verlo. Quería morderlo, arañarlo, verlo gritar... mierda, eso lo calentaba tanto.
La situación se le escapaba de las manos como arena. No iba a ser así. Ese no era el plan, pero ya no veía un punto de retorno. ¿Podría simplemente parar y decir “esto era solo una broma”?
—No. No…— ya no sabía que gritar. Sabía que no le escucharía, que lo ignoraría y seguiría sin su consentimiento… solo que no podía dejarlo así. Lo superaba, pero el no era sumiso. Nunca lo sería. Prefería ser sodomizado y dominado antes que doblegarse ante él…
Akihiko alzo sus piernas con los brazos y las ubicó sobre sus hombros. Nunca había hecho algo así, y la idea se veía tan tentadora; robarle a una doncella virgen la virginidad sonaba tan asquerosamente bien en ese momento, y Misaki, desnudo, sudando y removiéndose bajo él… era increíblemente sexi, en un modo que no entendía…
Takahiro…
¿Qué le haría? ¿Qué le diría? ¿Lo mataría? Quizás.
Su mente hesitaba entre lo correcto y lo incorrecto. Un lado de él quería soltar a Misaki y decirle que eso no era más que una mala broma, pero la otra purgaba por penetrar ese pequeño agujero suyo hasta que se volviera loco por lo apretujado que estaría. Rayos, lo imaginaba y enloquecía, casi lo podía sentir…
— ¿Te desagrada tanto que un gay te esté dominando? ¿Qué un gay te vaya a quitar tu virginidad? — Pregunto con soberbia. Esa era la primera “conversación” que tenían desde hace un tiempo, si se le podía llamar así.
— ¿Cómo…? — “¿Cómo lo sabe?”
—Simple, eres un inútil— rió, lamiendo su muslo izquierdo desde el interior de la rodilla, hasta su glúteo; trazando un camino que era interrumpido por la ropa interior que había quitado a medias.
— ¿Por qué me hace esto? ¿Qué le he hecho?-- suplicó, con lágrimas, reprimiendo gemidos de placer ante la humedad, pero su pene tembló, medio reaccionando. Su orgullo se desvaneció. Ya no tenía más fuerzas… ni físicamente ni mentalmente estaba “bien”. Sintió su pierna ser mordida y chupada. Sabía que tendría una marca cerca de la entrepierna. Sabía que era lo que le hacía… lo odiaba… y se odiaba aún mas porque a pesar de detestar su contacto, algo de todo aquello se sentía bien. ¿Por qué? ¿Por qué su cuerpo reaccionaba como si no entendiera que su mente no quería eso? ¿Qué rechazaba ese tacto…?
Las lágrimas caían, y sus ojos estaban hinchados. Pronto las mismas cesarían por la ausencia de su conciencia, en un cuerpo vacío…
Estaba tan impotente… tan… tan… tan suyo.
Akihiko lo besó y se relamió los labios, observando cada detalle de su fisonomía. Su piel era cremosa, sus ojos verdes esmeralda, sus labios rosados, sus cabellos cobrizos, sus pezones eran rosa pastel, y su pene era pequeño, como todo en él; tenía sentido, ya que era delgado y bajo de estatura, pero poco importaba; él se encargaría de compensar eso.
Su mente trabajaba de un modo tan raro. Lo veía suplicar, veía sus lágrimas caer, y la compasión no aparecía… solo una punzada de culpabilidad. Detenerse era imposible. Podía hacerlo, pero no quería ni pensaba dar marcha atrás en ese instante.
No sabía como comenzar. Por primera vez se sintió perdido en el sexo. No sabía como comenzar, sin tratarlo como a un amante. Casi había olvidado que Misaki no quería hacerlo, como si fuera algo arbitrario… como si con sus caricias pudiera convencerlo de lo contrario, conquistarlo… sonaba interesante e irreal. Su deseo de verlo sufrir se desvanecía junto a su ira… pero él seguía allí, desnudo, y él tenía una erección que necesitaba ayuda urgente.
Buscó un condón, y con rapidez lo ubicó sobre su prominente mimbro, temblando con la frialdad de su propia mano.
Como costumbre, esparció lubricante sobre su falo, erguido con pedantería y prepotencia. Misaki lo observaba. Lo veía venir, y la cuenta regresiva se acortaba. No quería mirar, pero no podía solo ignorar lo que le hacía a su cuerpo. Se odiaba a si mismo. ¿Por qué no era capaz de auto defenderse por una vez? ¿Siempre necesitaría de alguien para protegerlo? Y esta vez nadie lo salvaría… Usagi-san, como le decían a Akihiko, no se apiadaría de él.
Sintió un agudo dolor, y los resbalosos dedos abriendo su entrada. Tenía lubricante, algo era algo, pero aún así dolía como el infierno. Él, que creía que había llorado todas las lágrimas que tenía, volvió a llorar una vez más. Removía sus caderas, trataba de sacarlo de encima, que sus dedos salieran de allí, pero solo lograba aumentar el dolor.
Akihiko lo habría hecho todo de una si no fuera porque tenía un agujero tan pequeño que estrangularía su pene con sus músculos rígidos. Recordaba tener juguetes escondidos por su armario… pero no tenía tiempo para eso, por mucho que lo deseara, ahora lo montaría hasta que sus testículos liberaran todo el semen acumulado.
Misaki era completamente como un muñeco. Su placer, su opinión y su persona se habían vuelto un segundo plano.
—Mierda que no hay espacio. Si no quieres que duela aún más, relájate— “Claro, como si eso fuera posible”, pensó Misaki. Pero lentamente sus músculos cedieron espacio, conforme las frías manos de Akihiko comenzaron a masturbar, no solo su interior, sino su abandonado pene. — Dices que te da asco, pero tu culo dice otra cosa. Parece que le gusta mucho que sea un hombre el que lo toque— dijo maliciosamente, escupiendo veneno con crueldad. Sus dedos masajeaban su interior, buscando algún punto interesante de su fisonomía. Era cálido, y ajustado. Su pene vibraba de imaginar estar allí. No podía ser tan jodidamente bueno, ¿o si? Lo averiguaría en carne propia.
Akihiko se ubicó finalmente entre sus piernas y entró en el de una estocada, sin previo aviso, comprobando lo que imaginaba... era un horno allí dentro, pero en serio que se sentía genial. Esperó un par de segundos a que su sensible piel se acostumbrara al calor abrasador para aumentar la temperatura, moviendo sus caderas; saliendo hasta casi sacar su pene, e introducirse nuevamente con fuerza y velocidad.
Misaki vió todo negro. El dolor fue tan grande que ni las lágrimas salieron. Misaki aguanto solo cuatro estocadas antes de desmayarse. Aun no estaba listo para recibir semejante miembro, y sin embargo, cruelmente, su culo era usado como una muñeca de amor, un mero juguete sexual.
Akihiko parecía no haberse percatado, y seguía montándolo con fiereza. Iba y venía. Sus músculos lo apretaban, pero súbitamente se relajaron, siendo tan tórridos, acogedores, amoldándose a él… Cerraba los ojos con fuerza y el perfume de Misaki se asemejaba al de Takahiro… podía verlo… lo imaginaba…
Imaginaba que aquel culo no era del castaño, sino de su hermano. Fantaseaba con que Takahiro le amaba, con que le pedía aquello, y le rogaba más; movía su cuerpo al ritmo que sus caderas le demandaban, le tocaba, se tocaba… diablos, era un pervertido. Le incitaba… jugaba con su cuerpo, y sabía como seducirlo…
Sus dedos presionaban con fuerza los glúteos de Misaki, dejando marcas de sus dedos.
—Takahiro… — suspiraba, entre jadeos roncos que el menor no lograba oír— Takahiro… te amo… Takahiro…
Solía hacer eso cuando se acostaba con otros hombres, e inevitablemente acababa eyaculando grandes cantidades de semen. Muchos hombres se enfurecían, otros le ignoraban, sumidos en sus propias fantasías, pero no podía evitarlo, lo que sentía iba en serio.
Se derrumbó sobre el cuerpo de Misaki, y salió de él, quitándose el preservativo y tirándolo a la basura.
Lo miró otra vez.
—Mierda… ¿Q…qué acabo de hacer? — se susurró a si mismo, viendo el cuerpo machacado el pequeño.
Él aún estaba caliente, acababa de tener un orgasmo, pero no era suficiente. Tenía energías para dos rondas más, pero Misaki estaba desecho e inconciente… Mierda. Acababa de cometer un crimen y a pesar de verlo así, el remordimiento no llegaba…
Sabía que a la mañana vendría, que lo hecho ya no tenía vuelta atrás, y que eso tal vez destruiría al chico… pero no podía ver más allá de la estupenda fantasía a la que había llegado con solo percibir el aroma de Misaki.
Misaki…
Se sentó sobre su cama, abrumado. El perfume que emanaba el pequeño lo inundaba, aún se regodeaba de la imagen mental de Takahiro. Diablos… quería más… eso no bastaba… necesitaba algo más fuerte…
Sus dedos comenzaron a moverse sobre su pene. Tenía la suficiente moral como para no cabalgarse a un inconciente, a pesar de haber perdido el juicio y haberse dejado llevar a si mismo.
La fantasía continuaba.
Takahiro se acercaba y lo miraba tocarse. Se excitaba viéndolo tocarse y se tocaba a si mismo, regalándole una imagen impecable a Usagi… No resistía tal cosa. Se vino una vez solo con ello. Pero no era suficiente…Quería arañarlo, tocarlo y tenerlo entre sus brazos… y la fantasía se esfumó.
Conforme sus dedos buscaron su contacto, aquella fantasía tan perfecta se fue, y solo pudo concentrarse en Misaki a su lado.
Su mano tenía semen caliente cayendo…
“Takahiro…”
Estaba tan cansado. ¿Por qué seguía deseando más?
No podía negar que estos últimos habían sido los mejores orgasmos en mucho tiempo.
Se mordió el labio y al tocar el cuerpo de Misaki, el calor le invadió. Besó su cuerpo. Disfrutó como solo un amante puede de solo sentir su piel.
La parte baja de Misaki comenzó a reaccionar con tanto mimo. Estaba, por primera vez en esa noche, teniendo cuidado de no hacerle más daño, aún sabiendo que el solo tocarlo le hería.
Su poca moral se fue por el piso, conforme buscaba otro condón.

6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. claro que si cap 2 de la historia de l autora hanachan

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  2. donde est el restooooooooooo no nos dejen asiiiiiiiiiii

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    1. jejeje calma,calma ya subi el cap 2 yo se ke esta muy buena la historia por eso soy fan de hanachan, saludos y que disfrutes

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  3. me dejaron con la boca completamente en el piso,de lo impresionada y exitada de la historia :D :O XD .....ME ENCANTOOO.....(dios bendiceme con un mejor amigo homo....para q me cuente de sus multiples aventuras)....hanachan(o quien lo haya escrito)
    ....si fuiste la q escribio tan fantastica obra .....deseo poder escribir y expresaarme con tu lo hiciste XDsoy tu fan

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  4. XD jajaja yo quede igual de asombrada con la historia, Hanachan es muy buena escribiendo.... Saludos

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